“Confianza, fruto y alabanza: viviendo para la gloria de Dios”
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Padre bueno y santo, venimos delante de Ti en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Reconocemos que Tú eres digno de toda gloria, de toda honra y de toda alabanza. Nada se escapa de Tu control, nada es imposible para Ti. Pero también reconocemos, con humildad, que muchas veces hemos dicho que confiamos en Ti, y sin embargo vivimos llenos de temor, ansiedad y dudas. Hemos hablado de vivir para Tu gloria, pero muchas veces terminamos viviendo para nuestros propios planes.
En esta hora te pedimos que Tu Espíritu Santo prepare nuestro corazón para recibir Tu Palabra. Quita toda distracción, toda dureza, todo orgullo. Abre nuestro entendimiento para ver que el verdadero crecimiento espiritual consiste en aprender a confiar en Ti, a dar fruto para Ti y a alabarte en todo tiempo. Que este mensaje no sea solo un estudio más, sino una cita contigo, donde Tú toques áreas profundas de nuestra vida.
Señor, aumenta nuestra fe en medio de las pruebas, enséñanos a descansar en Tus promesas, produce en nosotros fruto en nuestras actitudes y en nuestras acciones, y llena nuestra boca de alabanza sincera, aun cuando no entendamos todo lo que estás haciendo.
Que al escuchar Tu Palabra hoy, salgamos de aquí más enamorados de Ti, más rendidos a Tu voluntad y más decididos a vivir para Tu gloria.
Te lo pedimos en el nombre precioso de Jesús.
Amén
I. Introducción: crecer es vivir para la gloria de Dios
I. Introducción: crecer es vivir para la gloria de Dios
[Hable despacio, con calma, preparando el corazón de la congregación]
Hermanos, cuando hablamos de crecimiento espiritual, muchas veces pensamos en cosas muy complicadas: cursos, libros, métodos, programas… Pero bíblicamente, el crecimiento espiritual es algo muy simple y a la vez profundo: es aprender a vivir para la gloria de Dios.
La Biblia dice que hemos sido hechos vivos en Cristo. Y una de las evidencias de la vida es el crecimiento. Lo normal es que un niño crezca; lo anormal es que se quede siempre igual. De la misma manera, si tenemos la vida de Cristo, lo normal es que crezcamos y que cada día nos vayamos pareciendo más a Jesús.
[pausa]
Quiero que la iglesia tenga esta frase grabada en el corazón:
Vivir para la gloria de Dios es sinónimo de crecimiento espiritual.
Cuando vivimos para Su gloria, el Espíritu nos va llevando, como dice la Escritura, “de gloria en gloria”, transformándonos a la imagen de Cristo.
Ya hemos visto que glorificamos a Dios cuando:
Reconocemos a Jesús como Señor.
Hacemos de la gloria de Dios el propósito de toda nuestra vida (1 Co 10:31).
Confesamos nuestros pecados y no los encubrimos. Proverbios 28:13 "El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia."
Hoy vamos a avanzar en esta misma línea y veremos tres claves más de la vida cristiana:
Glorificamos a Dios cuando confiamos en Él.
Glorificamos a Dios cuando damos fruto.
Glorificamos a Dios cuando lo alabamos.
[pausa – mire a la congregación]
Pregúntese:
¿Estoy viviendo realmente para la gloria de Dios, o para mi propia gloria?
¿Estoy creciendo, o me he estancado?
¿Se ve en mi vida confianza, fruto y alabanza?
Mientras predico, vaya poniendo su vida delante del Señor. No escuche este mensaje como teoría, sino como una revisión de su corazón delante de Dios.
II. Glorificamos a Dios al confiar en Él
II. Glorificamos a Dios al confiar en Él
Texto clave: Romanos 4:20
“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios.”
1. Abraham: la fe que glorifica a Dios
1. Abraham: la fe que glorifica a Dios
[lea Romanos 4:19–21]
La Biblia nos muestra a Abraham en una situación humanamente imposible:
Él, casi de cien años, “como muerto” para tener hijos.
Sara, con un vientre estéril desde siempre.
Nunca habían podido tener hijos.
Y en ese contexto, Dios promete: “Tendrás un hijo”.
Al principio Abraham no creyó del todo. Pero llegó el momento en que se fortaleció en fe, y el Espíritu Santo pone esta frase maravillosa:
“…se fortaleció en fe, dando gloria a Dios”.
¿Se da cuenta?
Cuando Abraham dijo en su corazón: “Dios, si tú lo dices, yo lo creo”, eso glorificó a Dios.
Cuando Dios habla y nosotros no le creemos, lo deshonramos. Estamos diciendo, en la práctica:
“Señor, Tú eres bueno, pero no entiendes mi situación.”
La Biblia va más lejos aún:
“El que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso” (1 Jn 5:10).
2. Ejemplos cotidianos de incredulidad
2. Ejemplos cotidianos de incredulidad
[Use ejemplos cercanos, con tono pastoral, sin condenar, pero confrontando]
La Biblia dice:
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:19
Hermanos, nos encanta ese versículo, ¿verdad?
Lo subrayamos en la Biblia.
Lo ponemos en un cuadro en la pared.
Lo cantamos en coros y alabanzas.
Pero… cuando llega fin de mes y el dinero no alcanza:
Nos llenamos de ansiedad.
Damos vueltas en la cama y no dormimos.
Empezamos a imaginar lo peor: “¿y si no pago esto?, ¿y si me cortan aquello?”
Hacemos planes desesperados, a veces hasta deshonestos, sin siquiera preguntar:
“Señor, ¿qué quieres que haga?”
Entonces, con amor, pero con claridad, tengo que preguntar:
¿De verdad creemos lo que decimos creer?
¿O solo nos gusta el versículo, pero en la práctica actuamos como si Dios no fuera confiable?
¿No será que en el fondo pensamos que Dios no vive a la altura de Su reputación?
[pausa – mire a la congregación]
No lo decimos con la boca, pero lo demostramos con nuestras reacciones.
Hermanos, el problema muchas veces no es que nos falte información bíblica.
Doctrina, en general, sí tenemos.
El problema es que nos falta confianza práctica.
Sabemos los versículos, pero no los aplicamos.
Los recitamos, pero no los descansamos.
Los enseñamos, pero no los vivimos.
Y ahí, sin darnos cuenta, mostramos incredulidad.
Que el Señor nos ayude no solo a conocer Sus promesas, sino a descansar en ellas,
para que en medio de las cuentas, de las malas noticias, de los diagnósticos,
podamos decir de corazón:
“Creo, Señor. Ayuda mi incredulidad.” Marcos 9:24
3. Fe que obedece, aunque no entienda
3. Fe que obedece, aunque no entienda
a) Abraham e Isaac
a) Abraham e Isaac
Dios le dice a Abraham:
“En Isaac será llamada tu descendencia.”
Luego le dice: “Tómalo y sacrifícalo”.
¿Qué hace Abraham?
Obedece. Sube al monte, ata a Isaac, levanta el cuchillo…
[pausa – imagine la escena junto con la congregación]
No se detiene hasta que Dios provee el carnero.
Eso es fe.
Eso es gloria a Dios.
Abraham confía tanto que, como dice Hebreos, probablemente pensó:
“Dios es capaz de resucitar a Isaac si es necesario.”
b) Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 3)
b) Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 3)
[Resuma Daniel 3:13–18]
Nabucodonosor levanta una imagen y exige adoración.
Los tres jóvenes se niegan a adorarla.
El rey los amenaza con el horno de fuego:
“¿Qué dios será aquel que os libre de mis manos?”
Su respuesta es una de las declaraciones de fe más gloriosas de la Biblia:
“Nuestro Dios a quien servimos puede librarnos…
y de tu mano, oh rey, nos librará.
Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses…”
Ellos dicen:
Dios puede librarnos del fuego.
Dios nos librará, de una forma u otra.
Pero aunque no haga lo que nosotros esperamos, igual vamos a obedecer.
¿No es esa la fe que glorifica a Dios?
c) Noé (Hebreos 11:7)
c) Noé (Hebreos 11:7)
Dios manda a Noé a construir un arca:
En tierra seca.
Sin haber visto nunca lluvia.
Con un proyecto que duró 120 años.
Soportando burla, incomprensión, soledad.
¿Y qué dice la Escritura?
“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca…”
Ciento veinte años de fe constante.
Eso glorificó a Dios.
4. Aplicación: ¿cómo se ve esto hoy?
4. Aplicación: ¿cómo se ve esto hoy?
[Ejemplo cotidiano]
Pensemos en un matrimonio en crisis.
Una esposa dice:
“Pastor, no hay manera de que esto funcione. Somos incompatibles.”
Pregunto:
¿Él es creyente? – Sí.
¿Usted es creyente? – Sí.
Entonces, ¿no creen que el Espíritu Santo habita en los dos?
¿Creen que Cristo es incompatible consigo mismo?
El problema muchas veces no es la “incompatibilidad”, sino la incredulidad.
Queremos solución, pero no creemos que Dios pueda cambiar el corazón, ordenar prioridades, sanar heridas.
[Hable con ternura, pero con claridad]
Hermano, hermana:
¿Dónde se ve su fe en su matrimonio?
¿En sus finanzas?
¿En sus temores?
Glorificamos a Dios cuando decimos con nuestra vida:
“Señor, si tu Palabra lo dice, yo lo creo, lo obedezco y camino en ello.” Salmo 119:
III. Glorificamos a Dios al dar fruto
III. Glorificamos a Dios al dar fruto
Texto clave: Juan 15:8
“En esto es glorificado Mi Padre, en que llevéis mucho fruto…”
1. La vida de Cristo fluyendo en nosotros
1. La vida de Cristo fluyendo en nosotros
En Juan 15, Jesús dice:
Él es la vid.
Nosotros somos los pámpanos (las ramas).
Su vida fluye en nosotros. Y cuando esa vida fluye, lo normal es que haya fruto.
Note que no dice solo “fruto”, sino mucho fruto.
Dios no se conforma con una vida cristiana mínima, apenas con “signos vitales”.
[pausa]
Sí, es cierto: todo creyente verdadero dará algún fruto. Pero Dios se glorifica cuando hay mucho fruto.
2. Fruto como evidencia de quiénes somos
2. Fruto como evidencia de quiénes somos
Un naranjo se conoce por naranjas.
Un manzano se conoce por manzanas.
Pregunta:
¿Por qué se conocerá que usted pertenece a Cristo?
¿Qué “fruto” sale de su vida?
La Biblia dice:
“Por sus frutos los conoceréis.”
Dios quiere que nuestra vida adorne la doctrina (Tito).
Que la gente vea algo en nosotros que refleje Su naturaleza.
3. Fruto definido: justicia
3. Fruto definido: justicia
Filipenses 1:11:
“Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.”
Fruto es justicia:
Hacer lo que está bien delante de Dios, en contraste con lo que está mal.
2 Tesalonicenses 1:11–12 muestra que Dios quiere:
Cumplir en nosotros todo propósito de bondad.
Toda obra de fe con Su poder.
¿Para qué?
“…para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros…”
4. Dos tipos de fruto: acción y actitud
4. Dos tipos de fruto: acción y actitud
A) Fruto de acción
A) Fruto de acción
Ganar almas – Romanos 1:13
Pablo quería ir a Roma “para tener también entre vosotros algún fruto”.
Ese fruto eran convertidos, personas ganadas para Cristo.
La vida espiritual tiende a reproducirse.
Un cristiano que nunca habla de Cristo, que nunca ora por la salvación de otros, ¿dónde está dando fruto?
Dar – Filipenses 4:17
Los filipenses enviaron una ofrenda generosa a Pablo. Él les dice:
“No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.”
El dar es fruto, aunque el receptor no esté en una necesidad desesperada.
Dios mismo es dador:
Nos da conforme a Sus riquezas, no solo “de” Sus riquezas.
Alabanza como fruto de labios – Hebreos 13:15
“Sacrificio de alabanza… fruto de labios que confiesan Su nombre.”
Cada vez que agradecemos, que exaltamos Su nombre con sinceridad, estamos dando fruto.
Toda buena obra – Colosenses 1:10
“…llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.”
Cualquier obra que brota de la obediencia y el amor a Dios es fruto.
B) Fruto de actitud
B) Fruto de actitud
Gálatas 5:22–23:
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…”
Aquí no se habla de actividad, sino de carácter.
Amor: una disposición hacia Dios y el prójimo.
Gozo: una alegría profunda en Dios, no en las circunstancias.
Paz: reposo interior por confiar en Él.
Paciencia, benignidad, mansedumbre… todas son actitudes.
Ahora escuche bien esto:
Fruto de acción sin actitud correcta = legalismo.
Fruto de actitud que produce acción = verdadera espiritualidad.
Hay quienes:
Evangelizan, pero sin amor.
Dan dinero, pero murmurando.
Obedecen por temor, no por gratitud.
Hacen la acción correcta, con la actitud incorrecta.
Eso no glorifica a Dios.
Por otro lado, cuando el Espíritu produce en nosotros amor, gozo, paz, inevitablemente produce también:
Generosidad.
Servicio.
Testimonio.
Porque la actitud correcta derrama acciones correctas.
5. ¿Cómo se produce este fruto?
5. ¿Cómo se produce este fruto?
Gálatas 5:25:
“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”
La clave no es “esforzarse carnalmente”, sino ceder el control de nuestra vida al Espíritu Santo.
Como el pámpano que se deja llenar por la savia de la vid, así el creyente que se deja llenar y guiar por el Espíritu.
[Aplicación]
¿Hay fruto de acción en su vida? ¿Personas alcanzadas, generosidad, servicio, buenas obras?
¿Hay fruto de actitud? ¿Se nota en usted más amor, más mansedumbre, más dominio propio que hace un año?
Glorificamos a Dios cuando Él puede señalar nuestra vida y decir:
“Ahí hay mucho fruto.”
IV. Glorificamos a Dios al alabarlo
IV. Glorificamos a Dios al alabarlo
Texto clave: Salmo 50:23
“El que sacrifica alabanza me honrará…”
1. Alabanza: marca de un corazón humilde
1. Alabanza: marca de un corazón humilde
La gente orgullosa se alaba a sí misma.
La gente humilde se asombra de Dios y lo alaba.
Dios le dio a Israel un libro entero de cánticos: los Salmos.
Para que la alabanza fuera parte de su ritmo diario.
Salmo 92:1–2 dice:
“Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a Tu nombre…
anunciar por la mañana Tu misericordia y Tu fidelidad cada noche.”
¡Qué hermoso hábito!
Empezar el día recordando Su misericordia y acabarlo recordando Su fidelidad.
2. ¿Qué es realmente alabar?
2. ¿Qué es realmente alabar?
No es solamente decir: “Gloria a Dios”, levantar las manos o cantar.
La verdadera alabanza bíblica incluye tres cosas:
Recitar los atributos de Dios.
Recordar y proclamar Sus obras.
Expresar gratitud por ambos.
A) Recitar los atributos de Dios
A) Recitar los atributos de Dios
El profeta Habacuc estaba confundido. No entendía por qué Dios iba a usar a los caldeos para juzgar a Israel.
En medio de su crisis, comienza a recordar quién es Dios:
Dios es Santo.
Dios es Todopoderoso.
Dios es Eterno.
Dios es un Dios que guarda pacto.
Y al recordar eso, su corazón se alinea, y termina diciendo:
“El justo por la fe vivirá.”
Cuando usted se detiene en medio de su problema y dice:
“Señor, Tú eres soberano.”
“Señor, Tú eres sabio.”
“Señor, Tú eres bueno.”
Eso es alabanza. Eso le da gloria a Dios y fortalece su fe.
B) Recordar Sus obras
B) Recordar Sus obras
Muchos Salmos relatan la historia de Israel:
La salida de Egipto.
La apertura del Mar Rojo.
El maná en el desierto.
El agua de la roca.
La caída de los muros de Jericó.
¿Por qué?
Porque la alabanza también es decir:
“Dios, Tú hiciste esto, y esto, y esto…”
Habacuc 3 recorre las obras de Dios y termina diciendo:
“Aunque la higuera no florezca… con todo, yo me alegraré en Jehová…”
Aunque todo falle, Dios no falla.
Esa es la fuerza de la alabanza.
C) Gratitud: el corazón de la alabanza
C) Gratitud: el corazón de la alabanza
Ejemplo: los diez leprosos (Lucas 17:11–19).
Diez clamaron a Jesús.
Diez fueron sanados.
Solo uno volvió.
Volvió “glorificando a Dios a gran voz” y “dándole gracias”.
Y Jesús pregunta:
“¿No son diez los que fueron limpiados? ¿Y los nueve, dónde están?”
Solo uno glorificó a Dios. ¿Cómo?
Volviendo a agradecer.
[pausa – tono pastoral, directo]
¿Cuántas veces Dios nos ha sanado, provisto, guardado, consolado…
y seguimos caminando como uno de esos nueve, sin volver a agradecer?
Alabar es decir:
“Señor, gracias por quién eres.”
“Señor, gracias por lo que has hecho en mi vida.”
Eso glorifica a Dios.
🕊️ Oración Final de Llamado a la Iglesia
🕊️ Oración Final de Llamado a la Iglesia
Señor y Padre nuestro,
te damos gracias por tu Palabra que hoy ha hablado a nuestro corazón.
Gracias porque nos has recordado que el propósito de nuestra vida no es otro que vivir para Tu gloria;
que el verdadero crecimiento espiritual no es acumular conocimiento, sino aprender a confiar, a dar fruto y a alabarte en todo.
Padre, confesamos que muchas veces hemos dudado de Ti,
hemos mirado más a las circunstancias que a Tus promesas,
hemos hablado de fe, pero hemos caminado por vista.
Perdona nuestra incredulidad, nuestras quejas, nuestros temores desmedidos.
Hoy queremos responder a lo que nos has enseñado:
Queremos ser como Abraham, que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios.
Queremos aprender a decir, como los tres jóvenes en el horno, “Dios puede… y aunque no, igual le seremos fieles”.
Queremos una fe perseverante como la de Noé, que obedeció aunque no veía nada.
Señor, te pedimos que Tu Espíritu Santo produzca en nosotros fruto verdadero:
fruto en nuestras acciones —vidas que ganan a otros para Cristo, que dan, que sirven, que hacen buenas obras—
y fruto en nuestras actitudes —amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.
Que nuestra vida, en lo público y en lo secreto, sea una rama llena de fruto que muestre que estamos unidos a la Vid verdadera, que es Cristo.
Y Señor, enséñanos a ser un pueblo de alabanza.
Que no solo hablemos de Ti, sino que celebremos quién eres, recordemos lo que has hecho y vivamos agradecidos por Tu gracia.
Que en los días buenos te alabemos, y en los días difíciles también, sabiendo que Tú sigues siendo el mismo, fiel y soberano.
Llévanos de este lugar, pero no nos dejes salir iguales.
Que lo que hemos oído hoy se traduzca en decisiones concretas, en cambios reales, en una entrega más profunda.
Que esta semana se note que hemos escuchado Tu voz:
que confiamos más, que tememos menos, que amamos más, que murmuramos menos, que adoramos más y nos quejamos menos.
Padre, todo lo que somos y todo lo que tenemos lo ponemos en Tus manos,
y declaramos con nuestro corazón:
“De Ti, por Ti y para Ti son todas las cosas. A Ti sea la gloria”.
En el nombre precioso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo oramos.
Amén. 🙏
